domingo, 12 de julio de 2020

DIFRACCIÓN 84 101.64




Estado superpuesto
La más famosa intrusión de la mente en la mecánica cuántica ocurre en el "experimento de la doble rendija".
Imagínate que proyectas un rayo de luz en una pantalla que contiene dos rendijas paralelas, situadas a poca distancia. Parte de la luz las atraviesa y luego alcanza otra pantalla.
La luz puede considerarse como una especie de onda y cuando las ondas emergen de las dos rendijas pueden interferir entre sí.
Si sus picos coinciden, se refuerzan entre sí, mientras que si un pico y un punto mínimo coinciden, se anulan.
Esa interferencia de onda se llama difracción y produce una serie de franjas brillantes y oscuras en la pantalla del fondo, donde las ondas de luz se refuerzan o se cancelan.
Ese experimento también puede hacerse con partículas cuánticas como electrones.
Y, contrario a lo que intuitivamente se pensaba, esas partículas pueden comportarse como ondas. En este sentido, experimentan una difracción cuando atraviesan las dos rendijas, produciendo un patrón de interferencia.
Supongamos que las partículas cuánticas se envían una por una, a través de las rendijas, y su llegada a la pantalla es también vista individualmente.
Aparentemente, no habría nada que interfiriera con sus trayectorias. Sin embargo, el patrón de impactos de partículas, acumuladas con el tiempo, revela bandas de interferencia.
Parece que cada partícula pasa simultáneamente a través de ambas rendijas e interfiere con sí misma.
A esa combinación de "dos trayectorias a la misma vez" se le conoce como un estado de superposición.
Pero ahora viene lo verdaderamente extraño.
Si se coloca un detector dentro o justo detrás de una de las rendijas, se puede saber si una determinada partícula la atravesó o no.
Al hacerlo, la interferencia desaparece.
Por la sencilla razón de que observamos la trayectoria de una partícula -sin que esa observación altere su movimiento- cambiamos el resultado.
El físico Pascual Jordan, quien trabajó con el gurú de la cuántica Niels Bohr en Copenhague en la década de 1920, lo explicó así: "Las observaciones no solo alteran las mediciones... también fuerzan (a las partículas cuánticas) a que asuman una posición definitiva".
En otras palabras Jordan dijo: "Nosotros mismos producimos los resultados de las mediciones".
Si eso es así, la noción de la realidad objetiva pareciera venirse abajo.

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